“Alto. ¿Adónde se dirige?”. El gendarme marroquí que controla una de las últimas rotondas de la carretera que conduce desde Tánger a Fnideq (Castillejos, bajo el Protectorado español) detiene el taxi antes de comprobar que el viajero supera de largo la cincuentena y franquea sin más trámite el paso hacia la frontera de Ceuta. Mientras, un conductor en la treintena es interrogado a conciencia en el arcén por otros agentes al mediodía de este viernes. No es ruta para jóvenes la que lleva a las playas del norte del Mediterráneo marroquí, que viven en estado de máxima alerta la víspera de la amenaza de un nuevo asalto migratorio lanzada desde las redes sociales para este sábado, tras la entrada masiva e irregular de decenas de miles de jóvenes que desbordó hace dos semanas la ciudad autónoma.

Seguir leyendo