Ahora Claudia Sheinbaum quiere controlar el contenido de los medios de comunicación, de las redes y de la prensa. Se arroga la facultad de representar a las audiencias, es decir, a nosotros, para decidir qué podemos o no conocer. Pide distinguir entre opinión e información. Esto, para acabar con la crítica. Obliga a tener auditores de audiencias que deben apegarse a los lineamientos de ley, es decir, sin autonomía. Quien interpreta qué es verdad o mentira es el gobierno. Imponen multas millonarias para acabar con los medios. Regulan la publicidad que pueden vender. Y, con total descaro, afirman que esto no es censura.
No aceptan que la misma ley se aplique a las mañaneras, que al final difunden información en medios y no tendrían por qué no someterse a ésta. Alegan que es comunicación con el pueblo, sí, pero a través de medios de comunicación, objeto de la legislación. Al final, toda información es para todo el público, que decide qué ver o no, qué creer o no, qué opinar. Y nos quieren quitar estos derechos de libertad de expresión, de pensamiento, de edición y de información, pasando “bola boba” para acabar de una vez por todas con los contrapesos que amenacen su permanencia en el poder. Ah, pero a ellos la ley no los toca. Nada lo justifica. O se aplica parejo o no es ley.
A los medios los presionan para que corran a periodistas críticos o no alineados con la 4T. Recientemente tocó el turno al emblemático Luis Cárdenas. Desde luego, buscan cómo deshacerse de Ciro Gómez Leyva, a quien trataron de asesinar; a Carlos Loret de Mola, con desprestigio; a Sergio Sarmiento, siempre apegado a los hechos; a Raymundo Riva Palacio y su periodismo de investigación, y otros muchos más. Poco a poco han ido “limpiando los medios” mediante presión para correr a locutores, reporteros y trabajadores de programas comerciales o independientes. Carmen Aristegui, en la tablita; Ramón Alberto Garza y Código Magenta, amenazados. En fin, Jesús Ramírez empoderado junto con José Merino.
¿Qué es la verdad? ¿Lo que tú dices? ¿Lo que yo digo? No, lo que dice el gobierno. Ya no hay cabida al pensamiento plural. Ni a las ideas creativas. Ni a la participación ciudadana. Vamos a fortalecer una dictadura que espero el mundo condene. Por lo menos la OEA, la ONU, las asociaciones de periodistas a nivel mundial, la CIDH, la Corte Internacional de Justicia. Quizá tardemos años, pero se reconocerá el atropello a nuestros derechos. Esperemos que subsista la prensa libre. Que ya no maten a más periodistas por sus expresiones. Llevamos ya siete este año. Más todo lo acumulado desde 2019. La sangre cae sobre Claudia Sheinbaum. Quien, feliz, utiliza a la Virgen de Guadalupe para comunicarse con el pueblo.
El colmo, a confesión de parte, relevo de pruebas, fue la afirmación de Sheinbaum de que solo otorga publicidad, de nuestros impuestos, a los medios que considera confiables y leales. Confesó: no damos publicidad a TV Azteca, ni a Reforma, ni a El Universal, y otros. O sea, da un uso discrecional al presupuesto público de publicidad, lo cual viola nuestros derechos a la información y busca controlar contenidos.
Morena y la 4T ya sienten el rechazo por su participación en el narco, en el huachicol fiscal, en los cobros de piso, en la protección a narcopolíticos, en la corrupción, en los desaparecidos, y quieren cerrar todas las vías de acceso al poder de otras fuerzas, minándolas, amenazándolas. Ya metieron a Ernesto Ruffo, panista, a la cárcel sin el debido proceso; después, a Ángel Aguirre, PRD, por Ayotzinapa; ahora al contador del hermano de Alito Moreno, por alguna causa. Les faltan más priístas, así que a elaborar carpetas de investigación. No quieren que solo Morena sea la transgresora de las leyes. Hay que ser plurales.
Como el Poder Judicial en México ya no funciona adecuadamente, muchas denuncias se van hacia organismos internacionales, como el caso de los desaparecidos, que la ONU condena. El PAN ha acudido también a presentar denuncias en órganos internacionales. Alito acusó a los consejeros del INE por censura ante el Departamento de Estado de Estados Unidos. Claudia Sheinaum no lo pudo soportar y mandó a los bots, a los legisladores y a los periodistas afines contra el presidente del PRI, con toda la fuerza del Estado, mientras Alito resiste y empiezan ya a tejerse alianzas que Morena ha querido impedir para las próximas elecciones. Así que el marcador no es cero a cero.
Y Ariadna Montiel, presidenta de Morena, defiende al líder mafioso, mano derecha y promotor de Rafael Marín Mollinedo para la candidatura a Quintana Roo. ¿No que ahora sí cuidarían que no haya nexos de candidatos con el crimen organizado? Su excusa: que Alejandro Arcos no está afiliado a Morena, pero ahí trabaja, de eso vive, participa en la campaña, participó en Aduanas, que fueron muy permeables al huachicol, y ahora resulta que esa amistad no tiene filiación política y, por tanto, no aplica la ética morenista. Aunque por ahí apareció una credencial. Puedes ser criminal, pero si no te afilias a Morena, entonces no hay nada que perseguir, dice su presidente. ¡Qué desfachatez! Mollinedo debe renunciar a la candidatura y dejar que la paz regrese a Quintana Roo, nuestro mayor centro turístico.